Mensaje Dominical Mons. Pedro Pablo

“COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ LOS ENVÍO YO”


La misma misión que recibió Jesucristo de su padre, él la encomienda a sus discípulos, por tanto la misión de los discípulos de Jesús, es dar continuidad a la mismísima misión que Jesús recibió de su Padre. ¿Y cuál es esa mismísima misión?. Se puede resumir en tres cosas: expulsar a los demonios, curar a los enfermos y, predicar el mensaje de la conversión y de la llegada del Reino. Es una misión hermosa y apasionante, pero al mismo tiempo difícil y comprometedora. No se puede realizar plenamente ésta misión sin las actitudes y el testimonio de vida de Jesús. Los misioneros que quieran cumplir la misión, tienen que vivir como vivió él.


¿Cuáles son las actitudes que Cristo encarnó primero y luego pidió a sus discípulos?.

1. La comunión fraterna: Deben ir de dos en dos; no ir por libre y en solitaria, sino evangelizar en comunidad; porque necesitamos siempre el apoyo, la compañía, el consejo, la enseñanza y la corrección de los demás. No es bueno que el misionero ande sólo y por libre. El misionero tiene que saber trabajar en equipo, ayudar y dejarse ayudar, colaborar y dejarse colaborar.


2. Pobreza: No llevar nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica. Para ser discípulo misionero, se necesita estar libre de apegos a las cosas materiales, libre de intenciones torcidas, libre de intereses personales, no llevar bolsa para no acumular dinero, libre de equipaje para seguir caminando de pueblo en pueblo, libre de afectos desordenados, para no quedarse en un solo lugar.


3. Humildad: Para aceptar el rechazo de los que no quieren escuchar, de los que no quieren acoger ni al mensajero ni al mensaje. Humildad para tener siempre pureza de intención y no buscar el éxito a toda costa, humildad para ser sembradores desinteresados y dejarle a Dios la fecundidad de lo sembrado.


4. Fidelidad: Predicar el Evangelio de la conversión, aunque a algunos no les guste. Predicar sin cansancio a pesar de las dificultades. No cansarse de predicar a pesar de los fracasos. Porque lo que se busca de un evangelizador, es que sea fiel al Evangelio, no exitoso ni brillante, sino fecundo. Y Dios es el que da la fecundidad al evangelizador fiel,


5. Saberse enviado por Dios: No ir a evangelizar en nombre propio, ni por propia iniciativa. No somos evangelizadores por gusto personal, ni por motivación humana. Como decía San Pablo: “Para mi predicar no es un hobbie o algo de que gloriarme, sino una misión que el Señor me ha encomendado y, hay de mí sino predico el Evangelio”.


6. Confianza plena en la gracia de Dios: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”. Jesús nos envía, pero no nos deja solos, él va con nosotros siempre con la fuerza del Espíritu Santo, y también nos acompaña siempre, su Madre santísima. El misionero va en nombre de Cristo, por mandato de Cristo y con el poder de nuestro Señor Jesucristo. Dios Padre ha querido confiarnos la misión de Cristo a todos los bautizados, por tanto, curar a los enfermos, expulsar a los demonios y predicar el mensaje de la conversión, es una misión que nos toca a todos.

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